martes, 21 de marzo de 2017

El enviado de los gurilianos – Sergio Gaut vel Hartman & Luciano Doti


Erasmus tenía el cabello oscuro, era de baja estatura, aunque debía pesar por lo menos noventa kilos, ya que era muy robusto, casi cuadrado, y sus huesos contenían tanto metal como el puente de Brooklyn. Eso era lo mejor que habían podido fabricar los gurilianos copiando las películas que se captaban en su mundo… sin contar las dificultades que se les habían presentado a la hora de insertar las fibrillas de idioma. En realidad, se notaba a la legua que no era humano; al menos no uno convencional. Pero por corrección política nos veíamos obligados a tolerarlo tal cual era y a callar las dudas que nos generaba.
Cuando sus huesos empezaron a tener problemas, y lo trataron con antioxidantes, y no precisamente de los que absorben radicales libres, recién en ese momento nos atrevimos a hablar de ello. Entonces, ya era tarde.

Acerca de los autores:

Noticia inesperada - Nélida Magdalena González & Luciano Doti


El dueño de la estancia salió de la casa enfurecido. Se dirigió al establo y montó su caballo a pelo. El peón, aterrado, le dijo que encontraron a su hija agonizando. La noticia hizo que su rostro se bañara de lágrimas.
La laguna donde se suponía que se hallaba quedaba a unos kilómetros. El hombre daba latigazos al caballo negro para apurarlo. Desesperado, no subió a su camioneta, se percató cuando los segundos le parecían horas y el territorio que recorría inconmensurable.
El periplo hasta la laguna se prolongaba por encima de lo normal y ni rastros de ella. Ese caballo, que ahora le resultaba desconocido, lo iba adentrando cada vez más en un lugar lleno de niebla y figuras espectrales del cual nunca jamás regresaría.
Sobre el piso de la casa había quedado su cuerpo inerte tras recibir la noticia; el peón se esforzaba por reanimarlo.

Acerca de los autores:
Nélida Magdalena González
Luciano Doti

Identidad - Nélida Magdalena González & Luciano Doti


No tengo veinte años como entonces, debo tomar una decisión. No es justo que alguien ignore su verdadera identidad y que yo muera llevándome el secreto a la tumba.
Sé que va a ser difícil, primero meterme en la selva y luego explicarle en su propia cara su origen.
Solamente espero que no haya formado una familia, porque sería una catástrofe. Si sus genes se dispersaran por el mundo, muchas cosas cambiarían; cuando menciono sus genes me refiero a los de su padre.
Es cierto que soy su madre, y eso lo hace mitad humano; pero los genes paternos son más fuertes. Eso significa que, con el tiempo, se modificaría la fisonomía de los habitantes de nuestro planeta.
Sin embargo, por momentos pienso que quizás me esté preocupando hoy por algo que no tendrá importancia en el futuro: una vez que todos sean como él, nadie notará la diferencia.

Acerca de los autores:
Nélida Magdalena González
Luciano Doti 

miércoles, 8 de marzo de 2017

Historia vulgar – Carlos Feinstein & Sergio Gaut vel Hartman



Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño tranquilo y descubrió que tenía el mismo aspecto de siempre. —Si me hubiera convertido en un monstruoso insecto podría faltar al trabajo. —Se miró de nuevo en el espejo; resignado, tomó el abrigo y salió a la calle.

Acerca del autor:

Happy Birthday – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


Gregor Samsa fue capturado por la Gestapo el 16 de abril de 1943 y entregado a los científicos de Buchenwald el 18 para que hicieran sus experimentos. Al día siguiente del ingreso del monstruoso insecto, el biólogo Hans-Dieter Pfenningkop llamó a su jefe, Joseph Menguele y le informó lo que había ocurrido tras arrancarle las patas al prisionero, aunque sin mencionar esto último.
—Hemos descubierto la aceituna negra gigante con corteza de caramelo rellena de pasta de almendras.
—¡Excelente! —respondió Menguele—. ¡Ya tenemos regalo de cumpleaños para el Führer!

Acerca de los autores:

lunes, 5 de septiembre de 2016

El senku y Madame Rosellieu - Ana Caliyuri & Sergio Gaut vel Hartman


Madame Rosellieu había sido confinada al océano de la nada. Eso de querer convertirse en una nueva Juana de Arco (post Juana de Arco) generó que los legionarios la sentenciasen a divagar por siempre en ese infinito; a no ser que descubriese el octavo elemento o la pieza 33 del mentado juego del Senku. El caso es que la mujer desplegó un tablero justamente enfrente a la constelación de Berenice y tras escabullirse por atrás del rey Ludo, que cavilaba aburrido, tomó una pieza blanca, híbrido de alfil y clavija, la insertó en el medio del sol designado como GJSBR1464H y provocó una supernova de órdago.
—¡Órdago, jaque mate y chinchón! —exclamó el rey Ludo recuperando el interés.
—¡Truco, generala doble y sarampión!
—¿Sarampión? ¿Qué es sarampión?
—La jugada final del senku, ¿lo ignoraba?
—¿Cuándo la última pieza queda en el centro?
—Exacto.
—Mire usted, ¿quién lo hubiera imaginado?

Acerca de los autores:
Ana Caliyuri
Sergio Gaut vel Hartman

martes, 12 de julio de 2016

El ejército de las sombras – Sergio Gaut vel Hartman & Ana Caliyuri


Eltod y Koter avanzaron entre puntales dorados que alguien había puesto sobre una serie de toscos peldaños de roca para sostener una especie de techo vegetal curiosamente irregular, lo más alejado de lo geométrico que pueda imaginarse. No era la primera excentricidad que descubrían en ese mundo signado por las desproporciones y las asimetrías. Si existía en el universo un lugar tan proclive a las rarezas ese era Judestel, el cuarto planeta de KPT-4326. Cuando terminaron la escalada, se situaron sobre los hierbajos y contemplaron delante de sí la extraña y hermosa vegetación. Cerca había cosas sacudiéndose, similares a flores. Observaron hacia arriba: la noche de cuarenta y nueve horas y media recién iniciaba. Ambos decidieron recostarse y observar en el cielo a las exuberantes entidades luminosas que realizaban danzas de ensueño. Eltod se dijo que no podrían quedarse en ese fabuloso jardín por siempre, que en algún momento «ellos» aparecerían. Koter sabía que no serían rescatados, la comunicación se había cortado en el momento menos indicado y nadie sabía que se encontraban varados en aquel mundo. Pero no estaban nerviosos, ni siquiera preocupados, mucho menos sentían dolor por las abundantes laceraciones que marcaban sus cuerpos; algunas raíces salieron a la superficie y los acariciaron, las criaturas de la nocturnidad eran afables, cálidas, envolventes, quizá porque pertenecían a un reino distinto del animal. Los hombres disfrutarían hasta el último instante de aquel finito placer pues en cuanto amaneciera, la fauna del planeta, conformada por seres indescriptibles, despertaría e intentaría cazarlos como lo había hecho durante el día anterior, que tuvo noventa y nueve horas. Siguieron disfrutando del espectáculo, muy pronto se dormirían. ¿Quizá para siempre? Tal vez lo que experimentaban era una muerte lenta y dulcificante. Se rieron ante tamaña ocurrencia. No se daban cuenta de que estaban siendo devorados.

Acerca de los autores:
Carlos Enrique Saldivar
Sergio Gaut vel Hartman